así fue mi experiencia sin móvil + anécdota

vivir sin móvil es posible y recomendable¡¡Hola!!, ya estoy de vuelta en Zaragoza, y aunque los primeros días me cueste un poco volver a rodar, la verdad es que no tengo sentimiento de depresión post-vacacional.

Si te soy sincera, no me importa nada trabajar en agosto. La ciudad está casi vacía, huecos para aparcar, peatones cruzando sin tráfico, terrazas a medio llenar, carteles en los comercios de “cerrado por vacaciones”. Es una sensación de tranquilidad que me reconforta y me ayuda a concentrarme.

Hace dos semanas te comentaba cuales eran las “normas” que me había escrito para vivir unas vacaciones a mi manera. (Este es el enlace por si quieres leerlo decálogo de vacaciones) Muchos de vosotros me comentabais acerca del primer punto, el móvil, y hoy quiero compartir contigo cómo ha sido mi vivencia.

móvil apagado 23h- recomendable 300%

Desde el primer día, y tras escribir los clásicos mensajes a la familia de “ya hemos llegado, todo bien”, decidí dejar el móvil en la habitación del hotel. Cada vez que volvía a la habitación miraba la pantalla y observaba los mensajes. Si eran importantes los contestaba en el momento, y sino, los dejaba para el día siguiente, o el siguiente.

Tal vez al principio me sentí un poco extraña, sobretodo aquel momento que estaba sentada en una terraza, y como un autómata acerqué mi mano al bolso para cogerlo. Al empezar el movimiento fui consciente de que no lo llevaba encima y entonces durante un microsegundo pensé y ¿qué hago?.

Lo que hice fue respirar  profundamente y observar a mi alrededor. Me sentí “la rara del lugar”, ¡era la única que no miraba el móvil! claro que el resto ni se dieron cuenta de ese detalle porque solo tenían ojos para sus pantallas.

La anécdota: 

Por la mañana bajaba a la playa con mi hijo y un ratito después llegaba el papá y nos reuníamos los tres a saltar olas. ¿Llevarme el móvil? para qué si siempre estábamos en el mismo trocito de arena. Ese día, justo pisar la playa y zas! chanclas rotas… inutilizadas para seguir andando. Seguro que estás pensando, y ¿cómo volviste al hotel? pues solución evidente = ¡descalza! y a paso rápido, que el asfalto quema 🙂

La adaptación al “no-móvil” fue rapidísima, mucho más de lo que te puedas imaginar, y mi vivencia fue de libertad, de tranquilidad y de retomar el control de mi tiempo. El único inconveniente, que no tenía cámara de fotos.

Conclusión: El móvil es muy útil, podemos comunicarnos en cualquier momento con quien queramos, podemos hacer fotos, podemos buscar la información que no nos viene a la cabeza al instante, estamos conectados con las personas que queremos y también cotilleamos la vida de los demás a través de las redes sociales, estamos en la cresta de la noticia, ….

… pero vivir sin él, también es posible y te lo recomiendo al 300%.

No pasa nada si no respondes al whatsapp al instante, no pasa nada si no miras las redes cada segundo, no pasa nada si no conoces la portada de la prensa…, no se acaba el mundo, de hecho es al revés, tu mundo comienza y puedes sentirlo de verdad

nota: la próxima vez me llevaré una cámara de fotos

¿Lo vas a probar? ¿Lo has probado? ¿cuáles han sido tus sensaciones?

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Puedo ayudarte, rellena este formulario y me pondré en contacto contigo

 

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