cómo poner límites a los niños

¿refuerzo o castigo?

Muchos de nosotros hemos sido educados desde el castigo y nos salen solas algunas frases que hemos oído tantas veces en nuestra infancia. Tal vez te cuesta encontrar otra manera de aplicar los límites a tus hijos, pero te aseguro que es posible.

Este lunes en la escuela de padres tratamos este tema y he pensado compartir con todos algunas de las ideas que tratamos allí.

En primer lugar es importante saber que los límites se ponen para potenciar (refuerzo) o eliminar (castigo) una conducta, sin afectar a sus sentimientos.

Los niños necesitan saber cuál es el camino, lo que se puede o no se puede hacer, y de hecho son ellos mismos los que a su forma, reclaman que se lo digamos.

Los límites les aportan seguridad, conocimiento de la vida, tolerancia a la frustración, reconocimiento y atención educativa.

En mi opinión, potenciar las conductas que queremos es mucho más positivo, constructivo y educativo, por eso yo soy de refuerzo y no de castigo.

Hay dos tipos de refuerzo. Un refuerzo puede ser positivo, es decir le premiamos con algo que le gusta, sin  necesidad de que sea material, puede ser una sonrisa, una actividad que les encante, un beso. Y también puede ser negativo, se llama así a recompensar quitando algo que no les guste. Por ejemplo, en la comida:

  • “cómo te has comido todo tienes un helado” – refuerzo positivo-
  • “cómo te has comido todo el primero, puedes comer la mitad del segundo plato” -refuerzo negativo-

Los límites es posible marcarlos desde el año de edad, poco a poco, primero referente a 3 o 4 conductas y según se vayan asimilando e interiorizando ir progresando a otras nuevas.  Si en tus primeros días de trabajo te dicen muchas cosas es complicado que retengas todo, pero si es poco a poco, la progresión será mucho mejor. Te sentirás contento al alcanzar el aprendizaje y estarás motivado para seguir aprendiendo lo siguiente.

Cómo poner límites:

  • explicando el porqué, las razones de ese límite. Si yo te digo “por favor, levántate” ¿lo harías? sin embargo si te digo, “por favor, levántate porque necesito coger un papel de la estantería” Si explicamos las razones llamamos a la comprensión de la norma y es mucho más fácil asimilarla.
  • ofrenciendo un para qué, es decir una motivación. Por ejemplo a la hora de recoger los juguetes, podemos decirles, “para jugar con el tren primero recogemos la construcción y así tendremos mucho más espacio para jugar”. De esta manera estamos ofreciendo una motivación para recoger, que no el simple hecho de por que sí.
  • Reforzar conductas que se aproximen a la deseada. Sigo con el ejemplo de recoger, si han ordenado 3 de 6 juguetes, vamos a darles la enhorabuena, porque están manifestando la conducta que queremos, y con esa sonrisa, vamos a motivarles a que continúen hasta recogerlo todo.
  • Es adecuado decirles lo que no, pero es igual de importante decirles lo que sí, enfocarles el camino de una manera positiva. Imagina que estás en el trabajo y constantemente te dicen esto “no”, esto “no”, “mal”. Seria un agobio. Sin embargo si los mensajes que te dan son de “esto mejor así”, vas a aprender mucho más. Lo mismo les pasa a los pequeños.
  • Con tono firme, pero con tranquilidad.
  • Mirando a los ojos, a su altura, y esperando confirmación de que lo han entendido
  • Sin sermones. Con claridad y precisión.

Lo que no debemos hacer:

  • No etiquetar al pequeño, pero si hacer referencia a su conducta. Sustituir que desordenado eres, por está habitación ha quedado desordenada. En este artículo “mi hijo es… mi hija es…” puedes leer la importancia de etiquetar sobre la autoestima de los niños.
  • Sin humillar, ni ridiculizar al niño. Por ejemplo, “así no, si es que no tienes ni idea de nada”
  • Amenazar, con esto conseguimos que lo hagan por temor a las represalias. Si lo que queremos es que interioricen la importancia de los límites es mucho más interesante que comprendan las razones.
  • Jugar con su cariño, “así no te quiero” o con los reproches, “pues entonces yo tampoco…” Recuerdo que los límites se dirigen a la conducta y no a los sentimientos.
  • En el caso de que se realice un castigo, hacerlo siempre proporcional y coherente al hecho y a la edad de tu hijo. “Castigado una semana por no recoger los juguetes” VS “5 minutos sin jugar al tren por no haber recogido la construcción”.

Educar es cuestión de tiempo, de paciencia y de amor.

Si quieres que tu hijo crezca en seguridad, autoestima y autonomía, te recomiendo apostar por el refuerzo y evitar el castigo.

Si te interesa participar en la escuela de padres, para el mes de junio o bien para septiembre, puedes rellenar el siguiente formulario

 

 

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